domingo, 2 de diciembre de 2018

Los almohades


El califato de Córdoba se desintegró en un mosaico de reinos de Taifas, muy castigados por los reinos cristianos del norte de la Península y sucumbió finalmente ante los pueblos bereberes del norte de África (almorávides y almohades).

 Durante esta etapa las manifestaciones artísticas son casi exclusivamente construcciones de marcado carácter defensivo.
Los almohades establecen la capital en Sevilla.

La Torre del Oro y la Giralda pertenecen a esta etapa almohade.

Torre del Oro


Los almohades adquirieron una gran perfección en cuanto al carácter defensivo, de modo que sus fortificaciones fueron inexpugnables hasta la aparición de la artillería. El recinto fortificado se Sevilla tenía 176 torres; entre ellas, la Torre del Oro (1220), una construcción estratégica, primera defensa por la parte del río; su planta es dodecagonal, con un núcleo que surge como torrecilla o linterna. Se afirma que estaba recubierta de azulejos que brillaban y le daban apariencia metálica, de ahí su nombre.


La Giralda


(1184-1198)Conocida con ese nombre por la veleta que la corona,  era el minarete de la desaparecida mezquita de Sevilla. Sigue el modelo occidental fijado por la mezquita de Córdoba y fue el más elevado que se construyó.
Su valor artístico se debe a la eficacia estructural pese a sus colosales dimensiones y a su excepcional decoración, que se adapta perfectamente al material constructivo, el ladrillo.
La torre, de planta cuadrada de 13,6 metros de lado, tiene en su interior un enorme pilar-machón central alrededor del cual asciende una rampa, que permitía al muecín (al que llama a la oración) subir montado a caballo. El pilar-machón no es macizo, alberga siete habitaciones superpuestas.


En el exterior, los pisos inferiores presentan muros lisos que abren vanos en forma de arcos lobulados y de herradura enmarcados por alfices. Los pisos superiores se dividen en tres calles: la central con ventanas geminadas superpuestas y las laterales con arcos ciegos que sirven de base a verdaderos “tapices” de rombos, formados por arquerías de ladrillos entrecruzados. Esta espléndida decoración confiere verticalidad a la torre. PINCHA AQUÍ
Sigue una pequeña plataforma adornada con diez arcos ciego. Sobre ésta, la parte que corona la torre con el campanario es un añadido renacentista de Hernán Ruiz (1558).










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